Sonó el timbre. Caminó sigilosamente por el pasillo para no hacer ruido. Se arrimó a la superficie de la puerta, casi sin respirar. Miró a traves del diminuto agujero de la mirilla. Descubrió que era él mismo que venia a visitarse. Decidió no abrir. No le apetecía ni lo más minimo tener que hablar horas y horas consigo siempre de lo mismo.
© Richard Archer – 2008 (Todos los derechos reservados)
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