Descubrió que leyendo los cuentos por el final eran mucho más divertidos. Las historias cobraban otro sentido. En los reinos ya se habían comido las perdices y vivido felices. Los malos resucitaban de su muerte horrenda y los ogros y los duendes se iba a dormir a sus cuevas donde supuestamente había permanecido allí desde tiempos inmemorables. Las princesas se desenamoraban y volvían al los brazos de su padre, el rey, que resucitaba de una muerte misteriosa. Las madrastras malvadas se desdecían de sus planes y pasaban del odio a la indiferencia, ya que las princesas volvían a ser niñas y su belleza se ocultaba disfrazada de candidez. Además como ya sabía cómo iba a acabar todo quedaba la incógnita de cómo el cuento iba a comenzar. Eso era lo más bonito para ella. Lo más interesante. Saber cómo podían comenzar las cosas.
Dedicado a mi niña Laura. Inconformista hasta la médula pero en el fondo una personita encantadora.
© Richard Archer – 2008 (Todos los derechos reservados)
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