Por los pelos

26 06 2008

Apareció de súbito, tras la colina. Con sus fauces abiertas, llenas de hilos de baba. El Mantibruck rosado de más de diez metros de longitud se abalanzó sobre el hombrecillo que estaba de pie con la bota en la mano. El tipo estaba tan ensimismado con ponerse el calzado que ni siquiera lo escuchó. Justo cuando se abalanzaba sobre él se produjo un intenso fogonazo, de color azul. De repente apareció ante sus ojos un extraño pájaro, blancuzco, cubierto de un liquido rojizo. No se lo pensó dos veces y lo engulló de un solo bocado. Sabía extraño pero estaba delicioso. Se marchó balanceando su orondo y velludo cuerpo, ladera abajo, persiguiendo a un cuervo que se había cruzado en su ángulo de visión.

© Richard Archer – 2008 (Todos los derechos reservados)

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