Ganas de discutir

5 11 2008

-¿Me quieres?
-Claro que te quiero.
-Pero, ¿cuánto me quieres?
-Pues mucho.
-¿Y cuanto es mucho para ti?
-No se mujer, pues, mucho es mucho.
-Ya, pero ¿qué serias capaz de hacer por mi?
-Cualquier cosa.
-Eso es fácil de decir, pero matarías por mi?
-Depende si estuvieras en peligro…
-Y si yo te lo pidiera?
-¡Mujer, que locura dices!!
-Que, lo harías o no lo harías?
-No, no lo haría, no mataría a nadie solo porque tú me lo pidieras!!
-¡Ves, ya sabía que no me querías lo suficiente!!
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Olvido

5 11 2008

El avión despegaba lenta y suavemente, no había motivo alguno para preocuparse, el tiempo era favorable para volar, todo parecía estar en orden y nadie del pasaje ni de la tripulación se veía especialmente preocupado.

Sin embargo Ricardo estaba inquieto, había volado docenas de veces, y nunca había sentido esa sensación de pánico que le estaba desbordando, se dijo a si mismo que no tenía motivo para sentir miedo, intentó serenarse con el whisky que pidió a la azafata y con el tranquilizante que ingirió con él, en ocasiones normales habría bastado para relajarse e incluso dormir un poco. Pero no consiguió el efecto deseado, al contrario, el corazón le latía a mil por hora.

Sin saber muy bien porque empezó a rezar, nunca había sido muy creyente, pero en ese momento sintió la necesidad de creer en Dios o en lo que fuese.

En mitad de una oración sintió una fortísima explosión, la gente gritaba y el avión se sacudía bruscamente, vio una intensa llamarada a su espalda, justo en la bodega de carga, y entonces comprendió el motivo de su miedo.

Estaba tan abotargado por las drogas que había tomado antes de embarcar, que no recordaba que hacía un mes que estaba planeando hacer explotar el avión con él dentro.

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Huida

1 07 2008

Corría y corría, se daba con las ramas de los árboles en la cara, se tropezaba con piedras gigantescas que encontraba en su camino, que a veces saltaba y que otras veces empujaba hacia los lados para hacerse camino.

No sabía muy bien de que o de quien huía, pero si sabía que fuese lo que fuese estaba cerca y a punto de atraparle.

En su desenfrenada carrera llegó hasta el borde de un acantilado, se detuvo unos segundos a pensar que podía hacer, si se quedaba allí, lo que le perseguía le daría alcance enseguida, no podía volver atrás y tampoco había mas salidas.

Sin pensarlo mas tomó impulso y saltó al vacío, no le sorprendió nada ver que volaba, o mas bien planeaba;le gustaba la sensación de libertad que experimentaba, por primera vez en mucho tiempo se sintió feliz y relajado.El aire era cálido y el sol templaba su cuerpo desnudo.

Todo era armonía, paz y silencio, hasta que en la lejanía empezó a escuchar el peculiar sonido de las sirenas de las ambulancias.

En cuestión de segundos sintió un fuerte golpe sobre todo el cuerpo y todo se tornó negro, frío y ruidoso.Poco a poco retornó el silencio, la paz y la armonía, volvía a sentirse de nuevo ligero y mas liviano que antes, solo escuchaba en la lejanía una voz que decía:” No se puede hacer nada por el, solo certificar el fallecimiento”.

Cuando la policía entró en su apartamento se encontró todos los muebles tirados por el suelo, las cortinas arrancadas, las lámparas destrozadas y la puerta de la terraza abierta de par en par.

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