Cambio Vital

2 07 2008

Había sido un pesimista hipocondríaco durante toda su vida. Pilló una depresión profunda y más de una vez llego a estar al borde del suicidio. Hasta que un día descubrió que lo único necesario para transformar toda su alergia en alegría era un simple cambio de disposición, en una letra.

…y desed enotces le munod ay canun vlovoi a res el misom.

© Pep Bussoms – 2008 (Todos los derechos reservados)





El Club Grebredilb

26 06 2008

Estaban todos reunidos conspirando contra la humanidad.

Juntos, el presidente del mundo libre, el terrorista internacional más buscado, el presidente de la comunidad del libre mercado, los representantes de los paises productores de combustibles fósiles, los capitostes de la banca, los directivos de los cinco mayores laboratorios farmacéuticos, las cabezas visibles de las tres religiones mayoritarias, los dictadores de los estados socialistas del este y del oeste, y los dictadores liberales de los países democráticos.

Todos sentados en mesa redonda planificando la próxima crísis mundial.

El presidente del mundo libre, ejerciendo de moderador tomó la palabra para finalizar el evento:

– Muy bien señores, antes de concluir, ¿hay alguien que quiera hacer algún comentario?

De pronto, un destello azúl intenso parpadeó en el aire a la vista de todos y una granada se materializó encima del centro de la mesa, rodando unos centímetros sobre el tablero hasta detenerse vacilante. Era un modelo antiguo, “Mills”, de los utilizados durante la Iª Guerra Mundial. Estaba húmeda y sucia de barro. El hecho, por lo inverosímil, dejó sin palabras a todos los presentes.

– Er, …no tiene anilla – observó el terrorista internacional más buscado.

© Pep Bussoms – 2008 (Todos los derechos reservados)





Un Gran Salto Para la Humanidad

23 06 2008

El repentino fogonazo de un destello azul anticipó la llegada del Profesor Mercury que se materializó desde ningún sitio, rodando ladera abajo una trentena de metros hasta que unos setos de brezo frenaron su alocada caída.

– ¡Buffff!

¡Lo había conseguido! No sabía en qué lugar estaba, ni en qué momento, pero lo había conseguido. Era la primera vez que un ser humano lograba abrir un portal para cruzar de una dimensión a otra a través del continuo espacio-tiempo.

– Este es un momento histórico – Pensó.

Estaba algo magullado pero se sentía eufórico. Escupió la tierra que le había entrado en la boca mientras rodaba por la ladera y se incorporó sentándose sobre el suelo. Se descalzó la bota izquierda para sacar una piedrecita que le llevaba molestando desde que salió del laboratorio; el dedo pulgar le asomó por un agujero del calcetín. Sacudió la bota y puso la mano debajo para recoger la piedrecita. Un diminuto tornillo de precisión de color dorado cayó sobre su palma desnuda.

– ¿De modo que eras tu, puñetero? – Lo cogió con dos dedos para verlo de cerca y acto seguido lo lanzó lejos, como si fuera un hueso de aceituna. Una pequeña chispita azul brilló un instante en el lugar aproximado donde debía haber aterrizado el tornillo, pero, ocupado en otras cosas, el Dr. Mercury no la vió.

Ahora era cuestión de averiguar dónde, y en qué momento del tiempo, se encontraba. Intentaría remontar la ladera hasta la cima, para tener una vista elevada del lugar. Su reloj digital se había detenido y en la caída había perdido el medidor de intensidad de flujo, así que lo de averiguar las coordenadas temporales iba a ser más difícil, a menos que… preocupado se quitó el casco para comprobar si la cámara seguia en su sitio y funcionando. ¡Estupendo! Aparentemente, sí. Podría calcular el factor tiempo del viaje por la duración de la grabación de video. Se lo volvió a poner y sujetó bien fuerte la correa.

Estaba listo para continuar. Iba a ponerse de nuevo la bota cuando estalló otro repentino fogonazo azul que le hizo desaparecer tal como había llegado.

En su lugar apareció medio atontada, con las plumas revueltas y pringadas de salsa napolitana, sin entender nada de nada, una gaviota reidora (Larus ridibundus) que por una vez en su vida no le veía maldita la gracia a un chiste.

Una trentena de metros ladera arriba, un grajo (Corvus frugilegus), córvido negro de cara pelada y blanquecina entre el pico y los ojos, soltó un graznido y salió volando asustado.

© Pep Bussoms – 2008 (Todos los derechos reservados)





Reacción Instintiva

23 06 2008

La Sra. Paquita se encontraba todavía en pleno estado de shock. Sabía que podía esperarse cualquier cosa de aquella fotocopiadora, era un trasto inútil que no hacía otra cosa que tragarse papel, atascarse cada dos por tres y dejarlo todo perdido de toner, pero aquello le había superado.

El Inspector Pardo decidió repasar su declaración antes de decidir si podía dejarla irse a su casa, si debía encerrarla en comisaría, o enviarla directamente al psiquíatrico.

– ¿De modo que admite que fué Ud. quien empujó la fotocopiadora escaleras abajo desde el tercer piso?

– Sí señor, fuí yo.

– ¿Y no le preocupó la posibilidad de malherir o incluso matar a cualquiera que fuera arrollado por ella?

– Es que no pude evitarlo, fué una reacción instintiva.

– ¿Insiste entonces en su versión de los hechos?

– Sí señor inspector.

– ¿Insiste en que había un individuo atascado dentro de la fotocopiadora?

– Por estas – dijo ella, besando una medalla de San Judas Tadeo que llevaba colgada al cuello.

Reprimiendo a duras penas un gesto de incredulidad, el Inspector Pardo se dirigió a su ayudante en busca de pruebas para confirmar aquella declaración.

– ¿Qué tenemos?

– Verá Sr. Inspector, parece ser que la Sra. Paquita, secretaria del Director del Departamento de Cuentas, está sometida a bastante estrés y tiene algún antecedente de crísis nerviosa, pero por lo general es una persona relativamente estable.

– Bien, ¿qué más?

– Al poco de entrar ella en la habitación todos los testigos le oyeron lanzar un grito de pánico y acto seguido apareció através de la puerta, haciéndola pedazos con la fotocopiadora y empujándola escaleras abajo. A partir de aquí hay un rastro de piezas sueltas del aparato, hojas de papel, trozos de chapa, escalones rotos, desconchados en las paredes, dos macarrones y grandes cantidades de polvo de toner negro repartidos a lo largo de tres pisos de escalera, hasta el hall de entrada al edificio.

– Entonces el asunto está claro ¿no?, es un caso de psiquíatrico.

– Quizás no tan claro, Sr. Inspector. El contable nos confirma que momentos antes de ver entrar a la Sra Paquita en la habitación de la fotocopiadora oyó con claridad un chasquido metálico que procedía del interior y le pareció ver un destello como de flash fotográfico que no supo ubicar, a los que no les dió importancia porque estaba ocupado en su trabajo. – dudó un momento antes de continuar – Ah, …y también tenemos esto – dijo, mientras le pasaba unas cuantas hojas de papel -. Lo hemos recogido de las escaleras, estaba repartido entre todos los pisos.

El Inspector Pardo le echó un vistazo a los papeles. Eran fotocopias en blanco y negro, muy oscuras a su juicio y sucias con polvos de toner. En todas ellas podía verse reproducido con bastante claridad el rostro de un individuo sin identificar retorciéndose de dolor en una mueca imposible, aplastando la cara y un pié descalzo contra el cristal de la fotocopiadora.

© Pep Bussoms – 2008 (Todos los derechos reservados)





Improbabilidad Improbable

22 06 2008

“Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”.

Serán cosas de la edad, pero estoy completamente segura de que hace sólamente un minuto he metido un plato de macarrones en el microondas para calentarlo.

¿Dónde están mis macarrones?

…y lo que es peor:

¿Qué hace una bota usada dentro del microondas?

© Pep Bussoms – 2008 (Todos los derechos reservados)





Viaje a Ninguna Parte

22 06 2008

Todo estaba listo para el lanzamiento. El comandante Tobías O’Connor realizaba por radio las últimas comprobaciones con la estación de control antes de iniciar la cuenta atrás.

Por fin había llegado el momento. A través de los auriculares le llegó la voz del director de operaciones de la rampa de despegue, con un tono estudiadamente neutro, sin emoción:

Diez…

Nueve…

Ocho…

Siete…

Una frase hecha cruzó la mente de Tobías en ese momento – “La suerte está echada” – pensó, sin poder evitar que un leve estremecimiento le recorriera la columna vertebral de arriba a abajo.

Seis…

Cinco…

Era la primera vez que un cuerpo de científicos organizaba una expedición espacial justo al centro de la nada. Querían comprobar qué había de cierto en sus conjeturas.

Cuatro…

¿La nada es nada porque está vacía? ¿…o está vacía porque no admite nada?

Tres..

¿Qué sucede con la nada si le ponemos algo en medio?

Dos…

¿Qué es lo que desaparece? ¿La nada o el algo? Parece evidente que el vacío desaparece en cuanto se llena con algo; pero esa afirmación había que demostrarla empíricamente.

Uno…

De pronto, Tobías O’Connor tuvo una inspiración.

¡Cero!

Lástima que no se le hubiera ocurrido un poco antes. Los cohetes de propulsión empezaron a rugir a sus espaldas y Tobías sintió la fuerte aceleración negativa que aplicaban a la nave y a todo su cargamento, con él incluído: Habían empezado a elevarse.

Su intuición le habría ahorrado a la agencia espacial un montón de dinero; y quizás habría salvado también una vida. Quiso decir algo, pero la tremenda energía que sentía presionando sobre su cuerpo le obligaba a apretar con fuerza las mandíbulas y a mantener todos los músculos en tensión. De todos modos, el rugido ensordecedor de los motores habría impedido cualquier comunicación con la estación de control.

Desde el exterior, el público miraba extasiado el gran espectáculo, mientras el cohete se elevaba dejando una espesa columna de humo blanco tras de sí.

Otra frase hecha cruzó por la mente del Comandante Tobías: “Para este viaje, no hacía falta alforjas”.

La nave desapareció de la vista del público, convertida en la distancia en un punto infinitesimal en medio del azul intenso de un hermoso cielo de primavera.

“Cortos Sin Filtro” © Pep Bussoms – 2008 (Todos los derechos reservados)





Colmado

22 06 2008

Entré corriendo a devolver las lentejas. Al verlas sobre el mostrador, la dependienta hizo un gesto de disgusto y, sin decir palabra, puso encima un cuarto de ensaladilla.

© Laura Moya, Richard Archer y Pep Bussoms – 2008 (Todos los derechos reservados)